Fue en una noche de hastío e incertidumbre que apareciste sin anunciar; yo no era más que un extranjero en tierra ajena, taciturno e infausto, y tu, la aparición de cuento o de fábula, de aquellas visiones irreales que se describen con gracia y astucia, que sólo se manifiestan en las quimeras más fantásticas de poetas cegados por el encanto de una doncella con el poder de desarmar con solo una mirada hasta al más gallardo caballero y tan sublime como el rocío que cubre una rosa por la mañana. De tal forma las defensas acabaron y me rendí ante la luz propia que generaba tu sonrisa, distante e indiferente por mi verso, decidiendo hacer lo posible por robar ese esbozo de tus labios hacia arriba.
Asi comence a tomar nota de cada particularidad posible; tu mirada, tu sonrisa, tus ademanes y personalidad, pero la distancia solo lleva a vanas adivinanzas que dibujan a la doncella de blanco, la de expresión de ensoñación y andar despreocupado como un ser sereno, de rostro incapaz de fingir su belleza, que orilla a esbozar mil palabras que la describan y hagan justicia, pero es imposible, todo llevaría una extensión donde no alcanzaría la pluma ni la tinta, mucho menos el tiempo de vida del poeta. Quisiera poder expresar en versos la inusitada emoción que provocan tus ojos risueños en quien se posan; podría compararlo con la emoción sutil que siente la luna al mirar por un segundo al sol en el poniente o la intensa emoción con que las olas se alzan en el mar por tan solo rozar la arena, o podría también compararlo con la emoción de caminar bajo la lluvia y escuchar una risa capaz de detener el tiempo y volver el universo tan insignificante que pareciera que solo tú fueras importante.
Para estos momentos, debes saber que la intención de este desconocido no es maliciosa o embustera, se trata de la admiración del efímero momento en que se cruzaron nuestras miradas, se trata del intento de la expresión más pura de despilfarro de himnos a tu belleza, salidos del cofre de mis tesoros, aquellos que se han robado dos ladrones, que no son más que tus ojos, pero no importa, que roben versos, rimas y poemas, mientras continúen alimentando el sueño y la esperanza de algún poder volver a encontrarlos.
Asi comence a tomar nota de cada particularidad posible; tu mirada, tu sonrisa, tus ademanes y personalidad, pero la distancia solo lleva a vanas adivinanzas que dibujan a la doncella de blanco, la de expresión de ensoñación y andar despreocupado como un ser sereno, de rostro incapaz de fingir su belleza, que orilla a esbozar mil palabras que la describan y hagan justicia, pero es imposible, todo llevaría una extensión donde no alcanzaría la pluma ni la tinta, mucho menos el tiempo de vida del poeta. Quisiera poder expresar en versos la inusitada emoción que provocan tus ojos risueños en quien se posan; podría compararlo con la emoción sutil que siente la luna al mirar por un segundo al sol en el poniente o la intensa emoción con que las olas se alzan en el mar por tan solo rozar la arena, o podría también compararlo con la emoción de caminar bajo la lluvia y escuchar una risa capaz de detener el tiempo y volver el universo tan insignificante que pareciera que solo tú fueras importante.
Para estos momentos, debes saber que la intención de este desconocido no es maliciosa o embustera, se trata de la admiración del efímero momento en que se cruzaron nuestras miradas, se trata del intento de la expresión más pura de despilfarro de himnos a tu belleza, salidos del cofre de mis tesoros, aquellos que se han robado dos ladrones, que no son más que tus ojos, pero no importa, que roben versos, rimas y poemas, mientras continúen alimentando el sueño y la esperanza de algún poder volver a encontrarlos.